LA BRUJA

por Ruth Angulo

junio 11, 2015 by in category Blog with 0 and 3
“ Era definitivamente una bruja. Todo el mundo lo sabía, porque vestía completamente de negro, desde sus prensillas negras en el negro pelo, hasta los calzones negros.” …Ruth Angulo
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Era definitivamente una bruja.
 
Todo el mundo lo sabía, porque vestía completamente de negro, desde sus prensillas negras en el negro pelo, hasta los calzones negros.

Y removía una olla grande en el fuego llena de borbotones negros.

(Aunque también podía ser que vestía de negro para no tener que perder el tiempo blanqueando y restregándo la ropa. Nada más compraba un frasquito de negritud y hervía en una olla grande sus cuatro trapos)
 
Pero definitivamente era una bruja.
 
Porque su casa estaba vieja, despintada y llena de telarañas. Le crecían matas en el techo y la maltrecha casa estaba rodeada de macetas de quién sabe dios, qué hierbas y árboles salvajes sin podar.
 

(Aunque creo, más bien, que era culpa de su escalera, tan corta que no le permitía alcanzar las enredaderas y las telarañas más altas. Sumado a que su figurilla no parecía muy fuerte como para creerla capaz de clavar bien las tejas de su casa o podar los árboles)

 
Pero no había ninguna duda, era una bruja.

Porque no tenía uno, sino tres gatos, negros como ella, con los que hablaba constantemente. Y los tres estaban mutilados, les faltaba alguna pata, alguna oreja, alguna gracia.

(Aunque puede ser también, que fuera porque le daban pena aquellos animalitos descompuestos y los cuidaba con todo el cariño, compartiendo sus escasas pertenencias)
a la pinta de bruja.
Y es que, desde lejos tenía toda la pinta de bruja.
Porque salía todas las noches disfrazada.
(Aunque podía ser que le gustara ir por el mundo sola, bailar, conocer gente y solo las noches le quedaran para hacerlo, después de trabajar todo el día)
 
Pero estoy segurísima de que era definitivamente una bruja.
Porque en la aldea hablaban muy mal de aquella.

(Aunque podría ser que no la quisieran por ser tan diferente a las demás señoras serias y aparentosas, del lugar. Era demasiado libre, hacía lo que quería y eso puede ofender a mucha gente. O talvez por atrasarse tres meses con la cuota del mantenimiento)

Pero nadie negaría que era la más bruja de las brujas.

Porque nunca envejecía.

(O sería, tal vez, que siempre estaba tan feliz que solo arrugas de sonrisa le salían y parecía más joven. O que se ponía cremas y se lijaba las manchas. O se gastaba los ahorros brujiles en tratamientos y masajes)
 
Pero estoy convencida y nunca le negaré a nadie, lo bruja que era esa bruja.
Porque como las más brujas de todas, hacía lo que estuviera a su alcance por atraer a los niños.

Llenaba su casa de dulcitos y marionetas, dibujos, películas infantiles, libros y fiestas. Tal como las brujas con casas de chocolate.

Sé que era una bruja, porque yo iba a su casa y cada vez que abría la puerta sentía que entraba a otro mundo, a un planeta con otras reglas, donde cada cuento me hechizaba con tanta fuerza como solo puede, definitivamente, hechizar la magia de una bruja.

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